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Cómo fue mi primera actuación

  Publicado el 15 de Agosto del 2019

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Escribiendo el post de Cuáles son los 6 principales miedos de salir al escenario y cómo superarlos, no pude evitar acordarme de la primera vez que yo bailé en público. Yo era bastante tímida, y a pesar de que me moría de ganas de hacerlo, me costó lo mío atreverme. Como es probable que también tengas miedo escénico, voy a contarte mi experiencia:

Cómo empezó todo

Era mayo de 2002. Yo llevaba bailando danza oriental año y medio o dos años, y tenía muy buena relación con las otras chicas de la clase. En aquel momento, era muy desconocida esta danza y nosotras estábamos encantadas de descubrirla. Nuestra profesora, Ana, es una mujer maravillosa. Nos transmitió lo que sabía de una manera casi mágica. Las clases eran una realidad paralela de la que yo no quería salir. Yo descubrí, gracias a ella, cosas increíbles sobre la danza árabe, sobre la vida y sobre mí.


Con Ana, mi profesora

Recuerdo que no era capaz de mirarme al espejo en las clases y ella consiguió que pudiera mirarme, observarme e incluso, gustarme.

El caso es que nos ofreció a 5 chicas de la clase la oportunidad de bailar en una cena en un restaurante bastante grande a las afueras de Pamplona. Creo que a todas se nos iluminó la mirada con la idea y dijimos que sí.

Los preparativos

Teníamos cerca de un mes para prepararnos (sobre todo mentalmente). Fabricamos nuestros trajes juntando cosas que teníamos de ensayo y decorando un sujetador. Teníamos previsto salir con velo porque parece que te tapa un poco y distrae la mirada del público, así saldríamos más seguras.

Recuerdo que mi traje combinaba un azul eléctrico potente y fucsia. Sigo conservando aquél traje con el sujetador que yo misma decoré y ahora me da hasta la risa cuando lo miro…  Pero bueno, lo importante es que en ese momento nos parecía que estábamos preciosas.

Nuestra programación

Era una cena de unas 200 personas. Decidimos que, para bailar las cinco a la vez entre las mesas, mejor improvisar y bailar cada una a nuestro aire en zonas diferentes. La idea era que nuestra profesora nos ponía la canción, que duraba 11 minutazos, y así, cada una, cuando ya tuviera suficiente iba bailando elegantemente hacia la puerta y salía. Al salir la última, ella bajaba poco a poco la música y listo. Teníamos esa libertad de poder irnos en cualquier momento y creo que eso nos ayudó a lanzarnos al vacío.

Yo tenía claro que quería hacerlo, en el tiempo que llevaba bailando me había enamorado hasta la médula de la danza oriental y ya tenía claro que me llenaba como ninguna otra cosa en la vida. Pero también me daba un miedo horrible.

Los ensayos

Las cinco quedamos varias tardes para ensayar, recuerdo que íbamos a casa de Rocío, que tiene un salón grande, y con nuestra canción bailábamos acercándonos al sofá y a las sillas como si hubiera gente cenando. Nos moríamos de ganas y de miedo a partes iguales.

Aparece el pánico

Las últimas semanas yo no sabía dónde meterme. Me ponía la canción en mi casa y me quedaba paralizada imaginando el momento en el que de verdad tendría que exponerme ante 200 personas. Era un número muy grande para ser la primera vez. Mi estómago se cerraba más y más conforme se acercaba el gran momento. Cada día quería decirle a la profesora que yo me echaba atrás porque la ansiedad y el pánico me podían. Desde que me levantaba hasta que me acostaba tenía en mente todo el tiempo lo mismo, no era capaz de centrarme en nada más. Pero había algo en mí que sí quería atreverse, me moría de ganas por salir y bailar.

El gran día

¿Sabes qué pasó aquel día? Que fue increíble, lo que empezó con tanto miedo se convirtió en una experiencia maravillosa en la que disfrutamos las cinco muchísimo. La canción duraba 11 minutos para tener margen e irnos cada una cuando quisiéramos, pues bien, se terminó la canción y estábamos todas entre las mesas dándolo todo con nuestros velos.


Con mi compañera Aran

La profesora nos miraba alucinada por habernos quedado hasta el final y por vernos disfrutar así. Nos miramos entre nosotras y todas teníamos lo mismo en mente… ¡salir otra vez a bailar! Nos tomamos unos minutos de descanso y salimos de nuevo a bailar otra canción de aquel disco. Esta segunda vez sin miedo, solo para disfrutar y bailar relajadas.

Conclusión

Fue maravilloso y muy liberador. Ahora, unos cuantos años después y habiendo bailado en muchas más cenas, reconozco que tuvimos mucha suerte. Las personas de aquella cena eran encantadoras y agradecidas. Nos iban diciendo en cada mesa por la que pasábamos que bailábamos muy bien y que estábamos muy guapas. Recibimos cariño y aprobación en cada mesa, y fue la razón principal por la que quisiéramos bailar una segunda vez.

Me alegré mucho de haber vencido ese miedo tan grande que tenía. Fue un pulso duro, pero gané yo. Desde ahí, cada vez que tenía que bailar en público el miedo era menor. Igualmente sigue habiendo nervios y ganas a día de hoy, pero con los años cada vez se disfruta más y se sufre menos.

Consejo

Mi consejo es que te atrevas, ya no solo por mi experiencia, sino por lo que veo cada año con las alumnas de mi Escuela. Todas tienen miedo y nervios, y siempre la experiencia es positiva; salen al escenario temblando y cuando empieza la canción y dan los primeros pasos, se abre lugar para el disfrute.

Si sientes ganas de bailar y tienes ilusión por ponerte un traje precioso, te animo a que pruebes. Atraviesa esa nube gris que es el miedo y atrévete a salir, da el salto que verás cómo al terminar te sientes orgullosa de tu trabajo y la sensación es positiva.

Y si no te ha gustado, al menos, ya has probado y lo sabes con certeza, no hay nada que perder.

Y tú, ¿has bailado ya en público? ¿Cómo ha sido tu experiencia?

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