
No creas que me voy a alejar tanto de la danza con este post.
Muchas veces te he hablado de mi vida personal, pero creo que nunca te he contado mi pasión por la perfumería y todo lo que huela bien en general.
Es algo que desde siempre me ha fascinado. Mi casa y la Escuela siempre huelen a incienso y yo llevo perfume hasta para dormir. Adoro disfrutar de un olor rico y tengo una buena colección de perfumes.
Desde que investigué hace tiempo sobre el olfato y de cómo lo que olemos modifica nuestro estado de ánimo, lo uso de forma más consciente y con intención.
Por ejemplo, los jueves hay una clase de ballet con niñas muy pequeñitas y yo pongo media hora antes un ambientador de vainilla para que sientan que llegan a un lugar seguro.
Pero no voy a adelantarme demasiado, vamos a empezar con el fascinante mundo del olfato.
Resumen
- Datos curiosos
- Curiosidades sobre perfumes
- Cómo nos afectan los perfumes
- El camino neuronal del olfato
- La memoria olfativa
- Olores y emociones
- Asociación cultural y aprendizaje olfativo
- Perfume y percepción social
- Diferencias individuales
- Aromaterapia y evidencias
- Por qué la vainilla es la nota olfativa más amada
- Vainilla y la leche materna: el vínculo primario
Datos curiosos
Es el sentido más rápido en llegar al cerebro. Cuando hueles algo, la señal llega casi de inmediato al sistema límbico, la parte del cerebro que regula emociones y memoria. Por eso un olor puede provocar un recuerdo vívido en milésimas de segundo.
El olfato y la memoria son inseparables. Los estudios dicen que recordamos un 35% de lo que olemos, frente a solo un 5% de lo que vemos.
Las mujeres suelen tener mejor olfato que los hombres. Sobre todo, en la etapa fértil del ciclo menstrual, porque evolutivamente ayudaba a identificar pareja y alimentos en buen estado.
Podemos detectar más de un billón de olores distintos. Aunque no siempre sepamos describirlos con palabras, nuestro sistema olfativo es extremadamente sofisticado.
Se “cansa” rápidamente. Tras unos minutos oliendo lo mismo, el cerebro deja de registrarlo para no saturarse (por eso dejamos de notar nuestro propio perfume).
Curiosidades sobre perfumes
No huelen igual en cada persona. El pH de la piel, la temperatura corporal y hasta la dieta modifican cómo evoluciona un perfume.
Los perfumes también envejecen. Guardados en lugares frescos y sin luz directa pueden durar años, pero la luz y el calor alteran las moléculas aromáticas.
El frasco influye en la experiencia. No solo por estética: la forma del difusor, el tamaño de la pulverización y hasta el cristal pueden cambiar cómo percibimos la fragancia.
El origen de la palabra “perfume” viene del latín per fumum (“a través del humo”), porque las primeras fragancias se difundían quemando resinas y maderas aromáticas.
Algunas notas tienen historia sorprendente. El ámbar gris, muy usado en perfumería, proviene del intestino de cachalotes; la civeta (hoy en su mayoría sintética) venía de glándulas de un pequeño mamífero africano.
Cómo nos afectan los perfumes
Influyen en nuestro estado de ánimo. Aromas cítricos y frescos suelen dar sensación de energía; notas de vainilla o canela transmiten calidez y confort; el jazmín y el ylang-ylang se asocian a sensualidad.
Modifican la percepción que los demás tienen de nosotros. Hay estudios que muestran que las personas perciben como más atractivas a otras que llevan una fragancia agradable, incluso si no son conscientes de que la están oliendo.
Pueden “anclar” recuerdos. Si usas un perfume solo en ocasiones especiales, el cerebro lo asociará a esos momentos; al olerlo años después, revivirás sensaciones muy concretas.
Algunos aromas aumentan la concentración. El romero, la menta y el limón, por ejemplo, han demostrado mejorar el rendimiento cognitivo y la memoria a corto plazo.
El camino neuronal del olfato
Cuando inhalamos una fragancia, las moléculas aromáticas viajan por la nariz hasta la mucosa olfativa, donde se encuentran los receptores olfativos (tenemos alrededor de 400 tipos distintos).
Estos receptores transforman la señal química en impulsos eléctricos que viajan directamente al bulbo olfatorio.
El bulbo olfatorio está conectado de forma directa al sistema límbico, especialmente a:
La amígdala → regula emociones como el miedo, la alegría y la atracción.
El hipocampo → crea y almacena recuerdos.
Esto significa que los olores saltan el filtro racional de la corteza cerebral y llegan casi directamente a la parte emocional y de la memoria. Por eso una fragancia puede provocarte una emoción antes incluso de que puedas identificarla.
La memoria olfativa
Es más emocional y duradera que la memoria visual o auditiva.
El famoso “efecto Proust” (nombrado por el escritor Marcel Proust) describe cómo un olor puede revivir de forma intensa y detallada recuerdos lejanos.
Estudios muestran que la memoria asociada a olores es 35% más precisa y permanece activa más tiempo que la asociada a imágenes o sonidos.
Olores y emociones
El olfato tiene un acceso privilegiado a la neuroquímica del placer.
Aromas agradables pueden estimular la liberación de dopamina (sensación de recompensa) y serotonina (estado de bienestar).
Notas como la vainilla, el jazmín y el ylang-ylang también pueden activar endorfinas, generando una ligera sensación de euforia o placer físico.
Asociación cultural y aprendizaje olfativo
Aunque hay respuestas universales (ej: el olor a putrefacción provoca rechazo), gran parte de lo que consideramos “agradable” o “atractivo” está aprendido culturalmente.
Ejemplo: el pachulí en Occidente se asocia a bohemia y libertad (años 60), mientras que en partes de Asia es símbolo de lujo.
Esta asociación cultural se guarda en la memoria olfativa y modula la respuesta emocional.
El olfato influye en cómo nos perciben incluso sin que las personas se den cuenta.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology (2018) mostró que las personas calificaban como más atractivos y competentes a sujetos que llevaban una fragancia agradable, incluso cuando no eran conscientes de que estaban oliendo algo.
Las notas “limpias” (almizcle blanco, cítricos suaves) se asocian a confianza y frescura, mientras que las “cálidas” (ámbar, vainilla, especias) se asocian a cercanía y sensualidad.
Diferencias individuales
El código genético de cada persona influye en la sensibilidad olfativa y en la afinidad hacia ciertos olores.
Por ejemplo, hay un gen llamado OR6A2 que determina la reacción al cilantro: para algunas personas huele fresco y cítrico, y para otras, como jabón.
Lo mismo ocurre con moléculas usadas en perfumería: un aroma que para una persona es sensual, para otra puede resultar demasiado intenso o desagradable.
Aromaterapia y evidencias
Aunque la aromaterapia tradicional y la perfumería son disciplinas distintas, comparten base neuroquímica: las moléculas aromáticas estimulan respuestas fisiológicas medibles.
Ejemplos:
- Lavanda: activa las ondas alfa en el cerebro, asociadas a relajación.
- Menta piperita: aumenta la actividad beta, relacionada con atención y alerta.
- Rosa damascena: reduce la actividad del sistema nervioso simpático, bajando la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Por qué la vainilla es la nota olfativa más amada
La vainilla es casi un comodín universal, y no es casualidad:
- Componente químico clave: vainillina → La molécula principal de su aroma activa receptores olfativos que el cerebro interpreta como “dulce” y “seguro”.
- Asociación con el confort → En muchas culturas, la vainilla está ligada a postres, leche caliente, repostería… Esto despierta recuerdos de infancia, seguridad y placer.
- Efecto psicológico calmante → Estudios han mostrado que el olor a vainilla reduce la ansiedad y el estrés, incluso en entornos médicos.
- Nota versátil → Funciona igual de bien en perfumes gourmand, florales, orientales o amaderados. Puede suavizar notas agresivas o dar profundidad a fragancias frescas.
- Atracción biológica → Algunos investigadores creen que la vainilla estimula zonas del cerebro relacionadas con la dopamina y la sensación de bienestar, lo que la hace subconscientemente atractiva para la mayoría de personas.
Vainilla y la leche materna: el vínculo primario
La leche materna contiene lactosa y grasas que generan un perfil aromático naturalmente dulce y cremoso.
La vainillina (molécula clave del aroma de la vainilla) es químicamente muy similar a compuestos presentes en la leche y otros alimentos maternales.
Nuestro primer contacto con la vida fuera del útero suele estar asociado a ese olor dulce, cálido y reconfortante de la lactancia. Esto crea una memoria olfativa muy temprana, incluso antes de tener recuerdos conscientes.
Como el olfato está ligado directamente al sistema límbico (emociones y memoria), ese vínculo queda grabado de forma muy profunda, asociando lo dulce-cremoso con seguridad, alimento y bienestar.
Otras razones por las que la vainilla enamora tanto:
- Universalidad cultural. Aunque no todas las culturas usan vainilla en cocina, cuando se introduce suele integrarse como un sabor/olor agradable y festivo.
- Compatibilidad olfativa. La vainilla suaviza notas fuertes (como cuero o especias intensas) y redondea fragancias, haciendo que casi nunca sea percibida como “molesta”.
- Efecto calmante medido. Un estudio del Memorial Sloan Kettering Cancer Center mostró que el olor a vainilla disminuía en un 63% los niveles de ansiedad en pacientes antes de una resonancia magnética.
- Evolución y atracción. Los aromas dulces y cremosos podían indicar alimentos ricos en energía, algo valioso para la supervivencia; por eso podría haber una predisposición biológica a que nos resulten atractivos.
Cuéntame bailarina, ¿sabías todas estas curiosidades sobre el olfato y cómo modifican nuestro estado de ánimo? Te leo.








