
Amo profundamente la danza oriental. Me lo ha dado todo. Me ha transformado, me ha sostenido, me ha hecho crecer a muchos niveles.
Pero también hay cosas que no me gustan.
Y sí, creo que es necesario hablar de ellas. Porque si queremos que esta danza ocupe el lugar que merece, tenemos que ser valientes y poner luz en lo que no está funcionando. Aquí te comparto, desde el corazón, algunas cosas que me duelen, me frustran o simplemente me gustaría cambiar.
Resumen
1. La imagen vulgar que aún arrastra
A pesar de todo el trabajo que muchas hacemos para dignificar esta danza, todavía hay demasiados vídeos, espectáculos o publicaciones que la muestran desde lo más superficial y sexualizado.
Y no es que la sensualidad esté mal. Todo lo contrario. Pero hay una línea muy fina entre lo sensual y lo explícito. Y cuando se cruza, se pierde la esencia de esta danza tan rica, profunda y poderosa.
Me da mucha rabia cuando vídeos con una danza muy vulgar se viralizan porque mucha gente que no ha bailado nunca se cree que la danza oriental es eso.
2. El poco respeto hacia las raíces
Me refiero a personas que bailan algún folclore o estilo sin saber qué están representando. Por ejemplo, utilizar traje de dos piezas para bailar un baladi o un saidi o hacer pasos que no corresponden.
Todo esto va creando una distorsión de la esencia de cada folclore o estilo y creo que el respeto por lo que estamos bailando es innegociable.
Por eso, es muy importante que nos formamos bien, que estudiemos, que nos interesemos por las raíces y que lo enseñemos y lo bailemos correctamente.
3. La falta de formación musical
Bailamos música. Así de simple. Y, sin embargo, muchas veces nos enseñan pasos y secuencias sin enseñarnos a escuchar, a analizar, a sentir la estructura de la canción.
Esto hace que muchas coreografías no encajen del todo, que se repitan patrones sin sentido, que no sepamos qué ritmo estamos bailando. Y eso le resta poder a nuestra danza.
Y lo veo en clase, cuando explico una parte de la coreografía y hablo de lo que hay en la música para que entiendan el sentido de lo que estamos trabajando, veo algunas caras de que no les interesa saber qué ritmo o instrumentos hay, solo quieren memorizar la secuencia.
Yo sé que es un tema complejo y que es más divertido bailar, pero entender la música nos da una gran ventaja sobre las que no se interesan. Creo que merece mucho la pena, hablo a nivel de alumnas. Si nos referimos a profesoras, es necesario.
4. La copia sin criterio
Internet está lleno de vídeos, coreografías, clases y secuencias. Y eso puede ser maravilloso… o peligroso. Porque a veces veo bailarinas que copian sin adaptar, que repiten sin entender, que buscan parecerse a otras sin encontrar su propia voz.
No hay nada de malo en inspirarse. Pero bailar es también un acto de honestidad. Y para eso, hay que hacer un camino interno.
Si quieres coreografiar una canción y no sabes por dónde empezar, lo primero sería analizar la canción para ver qué ritmos, instrumentos, partes, emociones, etc. tiene la canción. Si no estás lista para profundizar todavía, entonces te doy otra idea más sencilla.
Busca en YouTube vídeos de bailarinas sobre el escenario con esta canción. Mira muchos de ellos, una vez cada uno. De tus favoritos haz una segunda pasada y quédate con algún detalle en algún momento clave que te guste especialmente.
Así tendrás muchas ideas de posibilidades desde las que inspirarte, pero desde aquí, pon la canción y deja que tu cuerpo se mueva creando secuencias que dibujen muy bien la canción.
Lo importante es evitar que tu coreografía tenga partes largas copiadas de otra persona.
Te doy otra idea para abrir tu creatividad con ejemplos. Busca coreografías que te gusten mucho de bailarinas a las que admiras y apréndelas captando la esencia. Trata de que sean de varias personas distintas y usa este trabajo a nivel privado para tu estudio, nunca para bailar esas coreografías tal cual sobre el escenario.
Lo que vas a conseguir es tener un buen fondo de armario de ideas, secuencias y maneras de bailar partes distintas de la música. Esto hará que cuando quieras crear tus coreografías tendrás más creatividad y podrás usar algunas de esas secuencias en canciones diferentes con tu toque personal.
5. El miedo a decir lo que no nos gusta
Muchas veces callamos para no parecer negativas. Para no molestar. Para no “romper la armonía”.
Pero hablar de lo que no nos gusta no es quejarse. Es querer mejorar. Es comprometerse. Es cuidar esta danza como se cuida algo que se ama.
No todo es perfecto, y eso está bien. Lo importante es seguir caminando con conciencia, con amor y con responsabilidad.
Y por eso me atrevo a escribir este post, porque sí, hay cosas que no me gustan de la danza oriental. Pero hay muchas más que me enamoran. Y por eso, sigo aquí, dando pasos hacia una danza más honesta, más elegante y más respetuosa con su esencia.
¿Tú también has sentido algunas de estas cosas? ¿Hay algo que te gustaría cambiar en el mundo de la danza oriental?
Te leo en los comentarios. Vamos a hablarlo juntas, desde el corazón y con ganas de mejorar 💛








