
Estás en tu clase de danza oriental.
Todo va bien, disfrutas mucho y te sientes hasta elegante. Pero hay frases y momentos que te ponen pálida de golpe.
Llevo 25 años enseñando danza oriental y sé que hay situaciones que dan terror del que te sube el estómago a la garganta.
Estas son algunas:
1. “En junio hay que bailar en el escenario”.
Esta, en los grupos de iniciación, provoca pavor.
La profesora explica que es opcional, que es una gran experiencia y que te va a gustar. En el fondo sabes que hay algo bueno en vivir la experiencia, pero durante el curso se siente como si te prepararas para una tortura medieval y pública.
2. “Ahora sin espejo”.
Y de pronto, pierdes la noción del tiempo, del espacio, de la coreografía y de las posiciones.
Todo de golpe. Al bailar hacia la pared se desata el caos y parece una estación de tren con varias líneas en hora punta.
3. “Ahora con el otro lado”.
Te ha dicho la profesora que este ejercicio es una gimnasia cerebral maravillosa, pero al intentarlo se hacen la zancadilla los dos hemisferios del cerebro.
Lo que para un lado te sale de lujo no sabes ni cómo empezarlo al lado contrario. Te espera un buen rato de pensar lo que hacías para poder darle la vuelta.
La derecha, la izquierda, adelante, atrás, arriba, abajo… todo difuso de pronto.
4. Haber faltado a una clase y estar perdida.
Si justo faltas cuando se avanza con la coreografía, la siguiente clase es un caos. Notas el abismo entre tus compañeras y tú.
Maldices el momento en el que el dentista te dio cita justo a la hora de la clase y te prometes ensayar en casa para ponerte al día.
5. “A ver quién sabe qué ritmo es este”.
Aunque hayas estudiado los ritmos, que la profesora lance esta pregunta en clase te borra la memoria. Ya dudas hasta de tu nombre.
6. “La coreografía es muy fácil”.
Tu profesora es un ángel, pero cuando suelta esta frase sabes que te vas a enfrentar a una secuencia de pasos indescifrable. Cuanto más sonríe, más difícil es lo que te espera.
7. Bailar con velo y que parezca que te peleas con él.
Tú quieres llevarte bien con ese precioso trozo de seda, pero parece que tiene vida propia y en cuanto te descuidas se te enreda en la cara a traición.
8. Cuando te toca bailar en la fila de delante.
Otro momento que produce amnesia coreográfica. Se te hiela la sangre. Ya no te acuerdas ni de qué canción bailas. Parece que todo el mundo te observa y te juzga. Además, tienes la responsabilidad de ir bien por si las de atrás te van siguiendo.
9. Cuando toca practicar camellos y tú haces dromedarios.
Seguro que hay algún paso en el que no te ves la más sensual de la clase. Todas hemos estado ahí. Yo pasé meses haciendo dromedarios cojos mientras mis compañeras hacían ondulantes y preciosos camellos.
Si el paso son los tres cuartos, mejor no hablar. Pareces una araña en una sartén caliente.
10. “En la siguiente parte hay 4 giros seguidos”.
¿Cuántos dices? Más de dos vueltas seguidas dan mucho miedo. Los giros han dado más sustos que la niña de la curva.
11. “Ahora pongo la música y vosotras improvisáis”.
Esta es la peor sin duda. Esta roza el gore. La gente se retuerce. Te quieres ir al baño y pasar encerrada los 5 minutos que dura la canción.
Da igual que lleves 20 años bailando que se bloquea la memoria y desaparecen todos los pasos que te sabes.
Porque no es lo mismo que poner música mientras haces la comida y te pegas unos buenos bailes por toda la cocina.
No lo es y nunca lo será.
Si quieres aprender danza oriental únete a mis clases en directo de Círculo Shimmy. Hay momentos de terror, eso no te lo puedo ahorrar. Lo que sí puedo asegurarte es que no voy a pedirte que improvises.
Para eso tienes la intimidad de tu cocina.








