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Patricia Beltrán

Profesora de danza

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Bailarinas en el Egipto del siglo XIX: Las khawalat

Danza, género y transgresión en el Egipto tradicional

En el post anterior hablábamos de las awalim, mujeres instruidas, cultas, guardianas de un arte refinado que se expresaba en espacios privados y selectos. Su figura nos mostraba una danza ligada al conocimiento, a la música y a la escucha.

Hoy damos un paso más en este recorrido por las bailarinas —y bailarines— del Egipto tradicional para adentrarnos en una figura mucho más incómoda para la historia… y precisamente por eso, una de las más fascinantes: las khawalat.

Hablar de ellas es hablar de danza, pero también de género, de normas sociales y de transgresión.

Quiénes eran las khawalat

Las khawalat eran hombres que interpretaban danzas consideradas femeninas, vestidos y maquillados como mujeres. Su forma de bailar imitaba los movimientos, gestos y códigos corporales asociados a las bailarinas de la época.

Actuaban principalmente en espacios públicos, como celebraciones populares, fiestas y eventos abiertos, y su presencia está documentada en Egipto, sobre todo, entre los siglos XVIII y XIX.

No eran una rareza aislada ni una anécdota puntual. Formaban parte del paisaje cultural y social del momento, aunque hoy su historia haya quedado en gran medida silenciada.

Por qué existían

La existencia de las khawalat no fue casual ni caprichosa. Surgieron en un contexto muy concreto.

En determinados periodos, la presencia de mujeres bailarinas en espacios públicos estaba restringida o mal vista, ya fuera por motivos morales, religiosos o sociales. Sin embargo, la demanda de danza y entretenimiento seguía existiendo.

La sociedad buscó una solución. Y esa solución fueron las khawalat.

Ocuparon un espacio que era necesario, aunque difícil de nombrar. Permitían que la danza continuara presente en la vida pública sin romper, al menos en apariencia, ciertas normas sociales. Eran aceptadas y rechazadas al mismo tiempo. Toleradas, pero nunca del todo comprendidas.

Danza y ambigüedad

Las khawalat se movían en una frontera constante. Su existencia cuestionaba las categorías rígidas de género.

No eran mujeres, pero bailaban como ellas.
No encajaban en los modelos masculinos dominantes.
Y tampoco podían ser leídas desde una sola etiqueta.

Esta ambigüedad las convirtió en figuras profundamente transgresoras, incluso sin proponérselo. La danza, una vez más, actuaba como un espacio donde las normas se doblaban, se negociaban o se rompían.

La mirada europea

Para los viajeros y cronistas europeos del siglo XIX, las khawalat resultaron especialmente desconcertantes.

Sus relatos están cargados de incomodidad, burla o incomprensión. Desde esa mirada colonial, se mezclaron prejuicios culturales, morales y sexuales que distorsionaron profundamente la realidad.

Esta visión influyó de manera decisiva en cómo se interpretó la danza oriental en Occidente: se reforzó la confusión entre figuras distintas, se sexualizó el cuerpo del intérprete y se impuso una lectura moralista del espectáculo, muy alejada de su contexto original.

Una figura borrada

Con el paso del tiempo, las khawalat fueron desapareciendo del relato oficial de la historia de la danza.

Su existencia resultaba incómoda. Cuestionaba las normas de género, desafiaba los discursos coloniales simplificadores y rompía con la idea de una danza “pura” o fácilmente clasificable.

Y lo que incomoda, muchas veces, se borra.

Por qué es importante recordarlas

Recordar a las khawalat es recordar que la danza oriental nunca fue uniforme ni rígida. Que nunca respondió a una sola norma ni a una única forma de entender el cuerpo.

La danza siempre ha sido un espacio de expresión, de adaptación y también de transgresión. Un lugar donde la sociedad se mira a sí misma, incluso cuando no le gusta lo que ve.

Cerrar el círculo

Ghawazi. Awalim. Khawalat.

Tres figuras distintas. Tres contextos. Tres formas de entender la danza.

Conocerlas y recordarlas es una forma de honrar la historia de la danza oriental y de bailar con más conciencia.

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